ÚLTIMA ESTACION, CARTAGENA. RIOACHA-CARTAGENA. 12 de Agosto de 2012.-
Llegué a Rioacha con mucho, mucho calor y con muchísimas ganas de descansar después de demasiados días seguidos arañando kilómetros a la ruta. Fue muy emocionante llegar a ver el caribe sobre mi bicicleta después de tantos meses por el continente Americano, me parecía increíble estar allí frente al mar con mi inseparable y fiel compañera.
Hubo momentos de emoción y también de recuerdos para Adriana, que le hubiese gustado llegar también hasta aquí, por esta vez no pudo ser.
La primera impresión al entrar en Rioacha es la de entrar a una ciudad caótica, pero cuando uno pasea por sus calles y sobre todo de su paseo, se contagia de esa tranquilidad caribeña, en realidad sus calles son tranquilas y su paseo marítimo animado pero con calma.
Disfruto mucho de pasear cerca del mar, tomar cerveza e incluso los paisanos me invitan a jugar al dómino frente al mar. Aprovecho mi día de descanso para olvidarme del despertador, pues debido al calor me veo obligado a utilizarlo para levantarme antes del amanecer.
Aprovecho el día de descanso para visitar la playa de Camarones, una playa super tranquila y poco turística donde disfruto del baño y como no de un rico y fresco pescado.
Emprendo camino en dirección a Santa Marta, sin tener idea fija de donde hacer escala, es cuando paro a descansar en Palomino, un pueblo costero y después de hablar con unos turistas españoles, que me dejo convencer y decido descansar en este pueblito a pesar de no llevar demasiados km.
En Palomino disfruto de la Charla con Joaquín, un viajero extremeño que encuentro acampado en la playa, el es un exempresario de la construcción arruinado en su última inversión que decidió vivir un poco la vida a los 50 años después de haberse dejado gran parte de ella en su vida empresarial.
La playa de Palomino no es especialmente bella, tiene de especial la desembocadura del río Palomino, que te permite bañarte en agua dulce y salada solo caminando 10 metros, así que disfruto de ello.
A pesar de haberme acostado tarde después de tomar varias cervezas junto al mar en buena compañía me levanto con tiempo para ver el amanecer y emprender mi ruta antes de que apriete el calor.
Es antes de mediodía que llego a la entrada del Parque Nacional Tayrona, uno de los más conocidos de Colombia. Después de pagar la cara entrada, me dirijo hacia el aparcamiento donde convenzo al vigilante de que me deje guardar la bicicleta en algún lugar cerrado, así que después de organizar mi mochila para pasar noche en el parque dejo mi bicicleta en el cuarto del vigilante.
Hay dos caminos en la entrada del parque en dirección a Arrecifes, y sin darme cuenta elijo el más difícil, con constantes subidas y bajadas bajo un sofocante calor, aunque la recompensa vale la pena, el camino es solitario y las vistas a las playas espectaculares.
Es cuando se acaba la vegetación que el camino se endurece, pues debo caminar por la arena de la playa bajo un sol de justicia. Aprovecho para refrescarme con un bañito en algunas de las playas aptas para el baño, pues algunas son muy peligrosas debido a las fuertes corrientes.
Llego a la tarde a la bonita playa de Cabo San Juan, el sol me ha castigado y llego muy cansado, por lo que aprovecho para hacer siesta en una de las hamacas donde a la noche dormirán algunos de los turistas que visitan el parque.
No llevo demasiado dinero y no se si me dará para pagar por montar la tienda y cenar a la noche, por lo que decido intentar escaquearme de pagar por acampar, por suerte me sale bien y acampo sin que nadie me exija pagar nada.
Disfruto del tranquilo atardecer y después de cenar el plato más barato me voy a la cama, estoy reventado, este calor me mata. Me levanto temprano a la mañana para ver el amanecer, desmonto mi tienda y me dirijo a la salida del parque cuando la mayoría todavía duermen, disfruto mucho del camino de regreso en solitario donde repetidas veces se me cruzan distintos animales en el camino, un privilegio andar solo por un lugar normalmente tan concurrido.
Solo me separan 35Km de Santa Marta pero con este calor no hay nada fácil. Llego a Santa Marta a mediodía sin saber si Miguel, un miembro de warmshowers que contacté por Internet me podrá acoger en su casa, pues no me atiende al teléfono. Después de pasar por el mercado para comprar comida me dirijo hacía su casa sin muchas esperanzas, por suerte está en casa y me puede atender.
Me recibe sin hacerme demasiado caso, me da unas llaves y sigue a su rollo con su ordenador, un recibimiento un poco extraño. Ya no lo volveré a ver hasta la noche cuando volverá a desaparecer sin decirme donde debo dormir. El calor a la noche es insoportable, así como la cantidad de mosquitos, así que una vez más mi día de descanso no descanso demasiado.
No tenía intención de quedarme un día en Santa Marta pues el panorama no era muy alentador, pero Nando, un amigo ciclista(www.gambada.com) me recomienda que me quede y conozca a Indira, una amiga que lleva un proyecto de ayuda a un barrio marginal con el que Nando colaboró llevándoles comida recogida en una de sus conferencias en la Universidad. Nando da sentido a su viaje recogiendo recursos para los más desfavorecidos, los niños de barrios marginales y orfanatos.
Después de pasar una mañana tranquila en la vecina playa de Taranga, a la tarde quedo con Indira para ir a conocer a los niños del barrio. El barrio es extremadamente pobre, algunos hombre se dedican a la recogida de chatarra y otros a drogarse todo el día, un panorama no muy alentador para los numerosos niños que pueblan el barrio.
A pesar de su vida dura, son gente muy decente, nos reciben con mucho cariño y alegría, uno se nutre de esas sonrisas y muestras de afecto. Me parece esa la parte más importante de intercambio, creo que ellos agradecen enormemente el cariño recibido por gente como Indira, que los trata como si fueran sus hijos, se nota que ellos lo disfrutan.
Compartimos risas en un ambiente medio festivo, pues aprovechamos la visita para hacer una pequeña merienda. Nos vamos del barrio emocionados por haber compartido esos lindos momentos con esta gente sencilla, cuanta alegría entre tanta miseria.
Por suerte Miguel, me ofrece el único ventilador de la casa, con lo que consigo dormir, aunque sea entre mosquitos, el decide ir a dormir a lo de su madre, y quedamos a la mañana siguiente. Se ofrece a acompañarme a la salida de Santa Marta.
Por suerte el día amanece nublado y amortigua el calor. Es muy duro ir en bicicleta con este clima, estás empapado todo el día, da igual al sol o a la sombra. Atravieso poblaciones muy pobres y por primera vez en Colombia pedaleo con cierta tensión, sobre todo a las afueras de Barranquilla, dicen una de las ciudades más calientes del país. Decido hacer escala en Puerto Colombia, un tranquilo pueblo a tan solo 15km de Barranquilla. Aquí disfruto del atardecer en su bonito muelle charlando con los pescadores.
Inicio mi última etapa hacia Cartagena con sentimientos enfrentados, por un lado quiero llegar a destino y cumplir con ese sueño y por el otro siento que llega el final de algo de lo que disfruto intensamente. Es mi última etapa y hace un calor indescriptible, son las 7 de la mañana y ya es asfixiante, ya solo pienso en llegar al hostel y poderme duchar y quitarme el culotte que me tortura a cada pedalada. La llegada a Cartagena es espectacular, uno ve sus murallas a lo lejos e imagina tiempos pasados, el centro histórico es hermoso y llegar en bicicleta desde tan lejos indescriptible.
Llega el momento de la despedida, estos días en Cartagena me dedico a disfrutar con paz y tranquilidad de la ciudad. Me dedico ha hacer recuento de los momentos vividos en el viaje, hago un repaso mental de todo el viaje, de los bueno y de lo malo, de los lugares, atardeceres y amaneceres, y sobre todo de la gente que nos ayudó, sin ellos este viaje no hubiera sido posible, gracias a todos ellos, por que el viaje son ellos. Gracias también a todos los que estuvieron a nuestro lado, por mail, teléfono, facebook o dando ánimos en el blog, enormemente agradecido a todos. Especial mención a los ciclistas encontrados en el camino, muchos de ellos se convirtieron en amigos con solo compartir unos momentos, y sobretodo gracias a Adriana por soportarme las 24 horas del día la mayoría del viaje y aceptar que pudiera seguir el viaje en solitario aunque fuera por unos meses. Feliz, muy feliz de haber cumplido una parte importante de mi sueño, mucho me alegro y de nada me arrepiento. Desde aquí animo a todo el mundo a cumplir sus sueños, a que no se queden en el tintero, por que para esos están, para cumplirlos…


























































































































































































































































































